viernes, 26 de noviembre de 2010

El jardín de la locura

Un verano particularmente fresco, al salir de los últimos días de clases de preparatoria, me dispuse a ir a casa de mis padres a pasar ese fin de semana. Una amiga que había sido muy cercana cerca del fin del semestre me acompaño, con la excusa de que necesitaba que mi madre le ayudara con su vestido de graduación. Al llegar a la casa, mis padres parecían ocupados, trabajando en el jardín, cosa que me parecía extraña pues rara vez le prestaban atención, presenté a la chica con mis padres, y hablamos todos un buen rato, ya saben, cambios, planes, y demás temas usuales para jóvenes en nuestra situación, pero ya estaba tan fatigado que me perdí en la conversación que sostenian con tanto ánimo.

Ella me notó distante y me alejó de ellos, me mostró emocionada un pequeño poster hecho a mano que había pegado fuera de la casa, donde solicitaba una persona que hiciera el trabajo de su vestido, ya que mi madre estaba ocupada y no podía ayudarle por el momento.

Estabamos emocionados hablando sobre la graduación, las horas pasaron y ella se quedó en la casa conviviendo con mi familia mientras arreglabamos asuntos pendientes, mis padres seguían trabajando en el jardin, así que mi compañera y yo empezamos a pasar mas tiempo juntos.

Pasaron algunos días tranquilos, y yo ayudaba siempre que podía en la casa, y ella también, la verdad empezaba a preguntarme porque seguía aquí ella, pero no me importaba, disfrutaba mucho su compañía. Mientras, mis padres parecían tener aun un trabajo interminable en ese infernal jardín.

Sí, tenia que ser de una calaña infernal, ese trozo de tierra enfrente de nuestra casa parecía jugar con sus jardineros, ¿porqué no lo vi antes? no era para nada común lo que hacia -si es que un jardín tiene capacidad de hacer-, no importa cuanto lo podaba, al siguiente día su hierba alta rebosaba en el viento, no importa cuanto cuidara su humedad, amanecía seco como en desierto o completamente húmedo y salvaje como si se tratase de un cambio de animo.

Definitivamente debí notar eso antes. Pasaban días de arduo trabajo, y yo empecé a sentirme presionado por ese jardín, a mi padre no le gustaba que intentara ayudar, ya que tal vez lo estropearía. Aunque mi frustración se aliviaba al entrar a casa y ver a mi compañera, tal cual ama de casa, completamente instalada y haciendo lo posible por ayudar a mi familia.

Parecía que ninguno de los dos recordaba el asunto del vestido, o la graduación.

A partir de esas noches empecé a tener sueños... no sueños como tales, solo visiones. de mis padres trabajando en el jardín, viéndose cada vez más cansados y viejos, en mis visiones sus cuerpos demostraban debilidad, pero seguían trabajando con el mismo espíritu a pesar de su estado.

No le di mucha importancia a estos sueños, 'el trabajo me debe estar agotando ya' pensé. Ya que han sido muchos días los que he trabajado con mis padres, mientras ella seguía cuidándome y haciendo mis queaseres en la casa.

Un día, noté a mi padre trabajando más animado que antes, el jardín parecía estar ordenado y -valgame el cielo- cooperando, decidí no molestarle y entré a la casa para relajarme, no vi a mi madre por ningún lado, solo escuchaba a mi compañera hilando en mi cuarto, que lo había convertido ya en un pequeño cuartel para sus quehaceres.

Entré y hablamos un rato, pero parecía perdida en sus pensamientos, y extrañamente emocionada con su nueva creación, un suéter de hilo azul y bordes negros. La miré trabajando en ese suéter por un buen rato, hipnotizado, el hilo tan fino se confundía con sus suaves y lacios cabellos. no me di cuenta que pasaron los minutos, las horas! cuando de un salto, me despertó de mi trance y exclamó ''toma! para el invierno!'', enfrente de mi el suéter azul, y sobre el, una pequeña cajita que parecía un regalo.

Espera...

Invierno? pero si habíamos llegado a mi casa a mediados del verano, para un fin de semana! no podía creerlo, yo tenia que... 'no no, esto no puede ser' me decía a mi mismo, ignorando las suplicas de que me probara el suéter. Busqué despavorido un calendario, un periódico, hasta un reloj, todo me indicaba la misma suerte, estábamos a mediados de noviembre y habíamos perdido no solo la graduación, sino un examen importante para la universidad.

Me puse demente, no sabia que hacer, ¿como? ¿porque? en mi desesperación buscaba una expoliación razonable pero no había, era simplemente ilogico y estúpido lo que había pasado, ¿como corrieron los días sin darme, sin darnos cuenta? Cuestioné a mi compañera, pero no parecía perturbada por este hecho, me aseguraba que todo iba a estar bien, que solo teníamos que esperar un poco mas.

¿Esperar un poco más? ¿ESTAS LOCA? le grité tan fuerte... nunca le había gritado con ira a un ser humano, y menos a un ser tan frágil y bondadoso como ella, que no admitía malicia en su corazón. Atemorizado, vi como su expresión cambió a horror y tristeza en una fracción de segundo, como si alguien hubiera detenido el tiempo solo para mí. Pero no pude reaccionar, estaba tan sorprendido de mi como ella.

Me vió a los ojos una ultima vez, dejó el suéter y la caja en mi cama, y salió del cuarto con paso apresurado, no pude seguirla, por dentro estaba derrumbado, no podía creer nada de lo que estaba pasando.

Mi madre entró al cabo de unas horas, o tal vez fueron días, a preguntarme porque se había marchado ella, no pude darle una respuesta.

Ese tiempo fue el peor que pude haber vivido, no solo habíamos arruinado nuestros planes sin una explicación lógica, me sentía horrible por haberla lastimado de esa manera, no sabia como acercarme y hablarle, ni siquiera sabia donde estaba. Pasaba los días en mi cuarto, dando vueltas, mirando, pensando, pero nunca le presté atención a lo importante hasta que pasó algún tiempo.

El suéter, y la caja, eran lo último que ella había dejado ahí, en toda la conmoción olvidé por completo esos adorables regalos, los miré un rato, y esa caja.. pensé mucho el abrirla o no, quien sabe que podría encontrar ahí.

Los días se volvieron más y más pesados. Encerrado en mis pensamientos, volví a perder la noción del tiempo, pero ahora por una razón completamente opuesta. Pasadas algunas noches interminables, empecé a tener aquellos sueños sobre mis padres más a menudo. Ahhh, tormento eterno e insoportable, me maldigo por mi debilidad, no tenia como excusarme, por dentro sé que así lo quería, ya que me era mi propia fortaleza donde me sentía seguro, aunque sea de una forma tan ruin y autodestructiva.

Un amanecer en particular, me pareció diferente desde el principio, soleado, caluroso y sofocante, con un viento casi inexistente que me inquietaba. Total y completo silencio a mediodía, me sentí como un loco al darme cuenta que lo único que hacia era clasificar los días en molestos, y excepcionalmente molestos.

Me harté, había agotado mis opciones para distraerme, me lanzé sobre la cama y abrí esa maldita cajita.

Ninguna elección de palabras puede describir ese torbellino de sensaciones, cuando te topas con algo que te golpea tan duro, que tu mente en su estado más perturbado no admite más intervenciones, y parece detenerse en un vano intento de decir 'me rindo, tú encargate'.

Ante mi, la pequeña, tierna y poderosa arma que destruyó esa fortaleza de negatividad, tan sólo un amuleto, pero no cualquiera. un amuleto de corazón, y no habló de esos corazones inflados caricaturescos como los pintan, era un amuleto en una forma casi real de un corazón humano, de bordes finos y aspecto fuerte. Era un poco atemorizante y a la vez reconfortante.

Ese pequeño detalle lo fue todo para mí, era lo que necesitaba. pero, ¿ahora qué? Mi pensamiento se interrumpió por el inconfundible sonido de la reja principal de mi casa, me congelé y esperé un poco, unos pasos, abren la puerta desde adentro, y luego silencio.

Sólo imagino cosas, pensé... decidí que no hacia daño solo echar una mirada para ver quien era a estas horas inusuales de visita, igual no había visto hacia el exterior en días, podría ser útil. Entre decidido e indiferente, vi hacia afuera.

Esa vista a través de las cortinas prendió mi alma con un fuego tan tenue, pero vivo, no estaba seguro por la obstrucción de mi vista, pero, ¿será? ¿estoy imaginando cosas? Allí estaba ella, aparentemente, hablando con mi madre, se notaban emocionadas pero algo retenidas. Lo pensé mil veces en fracción de segundo, ¿pero, que necesitas pensar? Fuí a esa puerta y la atravesé.

Así como el sonido del depredador en la hierba, ahuyenta a su presa, la rechinante puerta puso sobre aviso mi llegada, sólo alcanzé a ver una súbita despedida y el paso apresurado de la joven que más me ha importado en esta vida.

NO! grité, ¿porqué grite eso? no sé, solo quería decir algo para detener su carrera. Pero fue inútil, noté un ligero vaivén en su movimiento al pronunciar esa palabra, pero no fue suficiente.

NO, E-ESPERA! grité de nuevo! ahora seguido de un silencio abrumador, y finalmente, el fin de su caminata... pude verlo claramente, el gran suspiro, la media vuelta y esos ojos ardientes condenándome. 'Porqué gritas? pareces un loco', a la defensiva, algo hiriente, pero sé porqué.

'Porqué... (maldita sea piensalo bien) no puedes dejarlo así como así, jeje, alguien podría dañarlo'

'De qué hablas?..'

'Tú corazón' mostrándole el amuleto.

Con un gesto entre enojo y risa, me miró, como no lo había hecho en tanto tiempo.

'Tonto... ahora es tuyo' y lo presionó contra mi, encendiendo el resto de mi alma que hace un largo tiempo se había apagado.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Melancolía de un día lluvioso

Por la noche, el automóvil pasea por lugares familiares, de recuerdos, risas y tristezas pasadas. La distante lluvia no cesa, una espesa neblina me invita, me hechizan esas figuras dentro, que se mueven con cautela entre luces, basura y polvo.

Mi guía me lleva más cerca a la misteriosa bruma, alcanzando a divisar ambos siluetas memorables y personajes distinguidos en nuestra razón. Admiro nuestro paisaje mientras el tiempo parece darnos ventaja, a juicio de nuestra fascinación por este deleite empíreo.

Titubeo al percibir una escena inolvidable, la agotadora cortina frente a mí me devuelve una vista encantadora que se hace tangible con el lento pasar de los segundos... sabe que soy débil. Ángel o demonio, ese querube con cabello de caracoles y una gracia terrenal, asiente con ligera exaltación ante mi presencia.

Me regocijo ante tal espectáculo, nada más que paz en un instante. Pero esa armonía se rompe al percibir una vibra negra, mi guia se muestra muy perturbado, con la vista perdida en el futuro, me habla. No entiendo sus grises palabras, me pesan en el alma pero no logro comprender.

Sólo miro confundido y expectante, mi orientador, ahora tornado en una sombra negativa, se encamina para congregar con esta figura celestial. El ambiente pesa sobre mi, quiero despertar.

Me acerco y miro con curiosidad, no me siento seguro, sus labios se abren y escupen palabras inalcanzables, misteriosas, pero de una oscuridad abrumadora, cada sílaba más negativa y ponsoñosa que la anterior, sombras rencorosas habitando el ambiente y haciéndolo insoportable, un malestar inimaginable puedo sentir ya.

Se apartan, cada quien por su camino, sus pasos me demuestran una gran fatiga y debilidad, yo estoy vacío, no sé que hacer. Me muevo entre las pesadas sombras y recuerdos hechos polvo, tambaleante y confundido. Quiero entender, pero no me han dicho nada. Quiero sentir, pero no han dejado una pizca de humanidad en este lugar.

Sus cuerpos opacos descansan en lugares opuestos, miro a mi antiguo acompañante, que postrado, sigue observando atento el futuro, no sé porque, tal vez no quiero saber... doy media vuelta y me encamino hacia lo que una vez fue ese ser celeste, que ahora se mira abatido, oscuro, oprimido por la más vil de las maldades. Mi mente y cuerpo aturdidos intentan declarar mi compasión y ternura, pero no logro entrar ni incitar una reacción. La espesa neblina negativa que ahora nos cubre, retuerce y destroza esas piadosas palabras.

Contemplo, sin esperanza, incapacitado de mente y alma. Sólo miro como aquella musa de días pasados, se aleja entre la oscuridad con una calma y desilusión intensas, despojada de su gracia. No concibo cómo, porqué... pero ya no quiero saber, al menos eso me digo a mi mismo. Con la mente consumida, doy un ultimo paso fuerte sin dirección fija, y dejo que la noche caiga sobre mí con todas sus fuerzas.