sábado, 20 de noviembre de 2010

Melancolía de un día lluvioso

Por la noche, el automóvil pasea por lugares familiares, de recuerdos, risas y tristezas pasadas. La distante lluvia no cesa, una espesa neblina me invita, me hechizan esas figuras dentro, que se mueven con cautela entre luces, basura y polvo.

Mi guía me lleva más cerca a la misteriosa bruma, alcanzando a divisar ambos siluetas memorables y personajes distinguidos en nuestra razón. Admiro nuestro paisaje mientras el tiempo parece darnos ventaja, a juicio de nuestra fascinación por este deleite empíreo.

Titubeo al percibir una escena inolvidable, la agotadora cortina frente a mí me devuelve una vista encantadora que se hace tangible con el lento pasar de los segundos... sabe que soy débil. Ángel o demonio, ese querube con cabello de caracoles y una gracia terrenal, asiente con ligera exaltación ante mi presencia.

Me regocijo ante tal espectáculo, nada más que paz en un instante. Pero esa armonía se rompe al percibir una vibra negra, mi guia se muestra muy perturbado, con la vista perdida en el futuro, me habla. No entiendo sus grises palabras, me pesan en el alma pero no logro comprender.

Sólo miro confundido y expectante, mi orientador, ahora tornado en una sombra negativa, se encamina para congregar con esta figura celestial. El ambiente pesa sobre mi, quiero despertar.

Me acerco y miro con curiosidad, no me siento seguro, sus labios se abren y escupen palabras inalcanzables, misteriosas, pero de una oscuridad abrumadora, cada sílaba más negativa y ponsoñosa que la anterior, sombras rencorosas habitando el ambiente y haciéndolo insoportable, un malestar inimaginable puedo sentir ya.

Se apartan, cada quien por su camino, sus pasos me demuestran una gran fatiga y debilidad, yo estoy vacío, no sé que hacer. Me muevo entre las pesadas sombras y recuerdos hechos polvo, tambaleante y confundido. Quiero entender, pero no me han dicho nada. Quiero sentir, pero no han dejado una pizca de humanidad en este lugar.

Sus cuerpos opacos descansan en lugares opuestos, miro a mi antiguo acompañante, que postrado, sigue observando atento el futuro, no sé porque, tal vez no quiero saber... doy media vuelta y me encamino hacia lo que una vez fue ese ser celeste, que ahora se mira abatido, oscuro, oprimido por la más vil de las maldades. Mi mente y cuerpo aturdidos intentan declarar mi compasión y ternura, pero no logro entrar ni incitar una reacción. La espesa neblina negativa que ahora nos cubre, retuerce y destroza esas piadosas palabras.

Contemplo, sin esperanza, incapacitado de mente y alma. Sólo miro como aquella musa de días pasados, se aleja entre la oscuridad con una calma y desilusión intensas, despojada de su gracia. No concibo cómo, porqué... pero ya no quiero saber, al menos eso me digo a mi mismo. Con la mente consumida, doy un ultimo paso fuerte sin dirección fija, y dejo que la noche caiga sobre mí con todas sus fuerzas.

1 comentario:

  1. Sólo miro como aquella musa de días pasados, se aleja entre la oscuridad ...

    Solo miro ...

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